Vuestra reiterada desobediencia y desacato a las órdenes de la guardia han colmado la paciencia del Alcaide. Los centinelas reales os han desarmado y apresado, expulsando al caballero y a su escudero fuera de las tierras del Alcázar.
«En el Alcázar de la Traición, quien no acata la ley perece o es desterrado sin honor.»